Cristo en vosotros, la esperanza de gloria

Lecciones del Seminario: “Iglesia, Familia de Dios”

Bajo el nombre de “iglesia” hoy tenemos todo tipo de surtido. Como Sardis, muchas iglesias “tienen nombre de que viven, pero están muertas” (Ap 3.1). Una iglesia viva, una iglesia que conoce a Jesucristo y proclama su evangelio, siempre va a estar padeciendo ataques porque tal tipo de iglesia será la conciencia de la humanidad (Lc 6.26). La iglesia siempre debe estar en polos opuestos a los del mundo. La luz y las tinieblas no tienen compañerismo entre sí (2Co 6.15).

La iglesia que es verdadera, viva y vital, manifiesta el evangelio a los muertos espirituales, y el evangelio por sí solo les puede dar vida. Esta es la misión de la iglesia. No hay manera bíblica de que la iglesia pueda cortejar al mundo. La iglesia ha de ser la conciencia del mundo. La iglesia debe estar tan bien definida en el cumplimiento de su rol de manera que llegue a ser lo contrariodel mundo.

Para los que están fuera de Jesucristo, la banca de la iglesia ha de ser el asiento menos confortable en el mundo porque presentamos un evangelio que separa. Porque cuando la iglesia arrulla al mundo, la iglesia muere. La iglesia en Sardis pensaba que estaba viva, pero estaba cortejando al mundo, por tanto no estaba viva, sino muerta (Ap 3.1).

La tarea de la iglesia no es solamente enseñar a los santos sino también advertir a los hombres de las normas de Dios. No estamos siendo justos o fieles al llamado de Dios si todo lo que hacemos es anunciar la vida abundante. En algún momento hemos que proclamar que el hombre es un pecador, que está apartado del Dios santo, y que es un hijo de ira (Ef 2.3).

La iglesia verdadera de Jesucristo no es una institución religiosa que acoge a todo el mundo; es el cuerpo de Cristo apartado para Dios, en unión y matrimonio exclusivo con Cristo y redimidos por fe. Ninguno fuera de esa redención puede ser parte de ella. La demanda para la iglesia es advertir a los que no han recibido a Cristo, advertirles con amor pero advertirles aún así. Esta es nuestra tarea.

“La Verdad que Permanece”, John MacArthur, Editorial CLIE.

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