Cristo en vosotros, la esperanza de gloria

Juan 8:34, 36; Hebreos 13:12

¿Cómo el pecado nos arruina?  Dos maneras.

  1. Nos hace culpables ante Dios, de modo que merecemos su justa condenación; y
  2. Nos estropea en nuestra conducta, de modo que desfiguramos la imagen de Dios que intentamos reflejar. Nos condena con la culpa y nos esclaviza al desamor

¿Cómo nos podemos liberar de esta miseria?

La sangre de Jesús nos libera de ambas miserias.

  1. Satisface la justicia de Dios de modo que nuestros pecados pueden ser justamente perdonados, y
  2. Derrota el poder del pecado.

Hemos visto cómo Cristo absorbe la ira de Dios y elimina nuestra culpa. Pero ahora veamos:

¿Cómo la sangre de Cristo nos libera de la esclavitud del pecado?

La respuesta no es que Él sea un poderoso ejemplo para nosotros y nos inspire a liberarnos nosotros mismos de nuestro egoísmo. Claro, Jesús es un ejemplo para nosotros. Y uno muy poderoso. Claramente quiso decirnos que lo imitásemos. (Juan 13:34). Pero el llamado a la imitación no es el poder que libera. Hay algo más profundo.

El pecado es una influencia tan poderosa en nuestras vidas que debemos ser liberados por el poder de Dios, no por el poder de nuestra voluntad. Pero puesto que somos pecadores, debemos preguntar:

¿Está el poder de Dios dirigido hacia nuestra liberación o hacia nuestra condenación?

Aquí es donde entra el sufrimiento de Cristo.

Cristo al rescatarnos de la culpa del pecado y de la ira de Dios también nos rescató del poder del pecado por la misericordia de Dios.

La justificación precede y asegura la santificación. La Justificación es una instantánea declaración (¡no culpable!): la santificación es una transformación progresiva. Romanos 6:22

Ahora, para aquellos que confían en Cristo, el poder de Dios no está al servicio de su ira condenatoria, sino de su misericordia liberadora.

Dios nos da este poder para cambiar a través de la persona del Espíritu Santo. Es por eso que esas bellezas que son el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la gentileza, el dominio propio son llamadas «el fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23).

Por eso es que la Biblia puede hacer la asombrosa promesa en Romanos 6:14.

Estar «bajo la gracia» asegura el omnipresente poder de Dios para destruir nuestro desamor (no todo al instante, sino progresivamente).

1Corintios 15:10.

Fuente: "La Pasión de Cristo"

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