Cristo en vosotros, la esperanza de gloria

Cristo murió para que no seas condenado y no peques más

1 y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley (Levítico 20.10) nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

No castigar sería injusto. Sería aceptar la degradación de Dios.

Dios es justo, no esconde el pecado. Siente una ira santa contra ellos.

El pecador merece ser castigado, y Él ha dejado esto bien claro: «Porque la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). «El alma que pecare, esa morirá» (Ezequiel 18:4).

Pero Cristo murió para llevar sobre él el castigo de la ley que era sobre nosotros.

La Biblia dice: 13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, Colosenses 2.13-14

Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

El salvador y el pecados, frente a frente….

La ley de Dios demandaba: «y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (Deuteronomio 6:5).

Pero todos hemos amado otras cosas más.

Esto es lo que es el pecado: deshonrar a Dios prefiriendo otras cosas antes que a Él, y actuar conforme a esas preferencias.

La Biblia dice: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Glorificamos lo que más disfrutamos. Y eso no es Dios.

El pecado no es algo pequeño, porque no es contra un Soberano pequeño.

Nuestro pecados son graves no por la clase de pecado que hemos cometido, sino porque es contra Dios.

10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno;

La Biblia dice: 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Juan 3:17-19

Dios no condena, cada uno se condena cuando le rechaza, y así demuestra el pecador que ama más sus pecados.

…vete, y no peques más.

Él nos libra del pecado, de toda condenación, para no pecar mas.

El pecado nos arruina de dos maneras:

  1. Nos hace culpables ante Dios, de modo que merecemos su justa condenación;
  2. Nos afecta en nuestra conducta, de modo que desfiguramos la imagen de Dios que intentamos reflejar.

La sangre de Jesús nos libera de ambas miserias:

  1. Satisface la justicia de Dios de modo que nuestros pecados pueden ser justamente perdonados.
  2. Derrota el poder del pecado para hacernos libres de su poder.

El pecado es una influencia tan poderosa en nuestras vidas que debemos ser liberados por el poder de Dios, no por el poder de nuestra voluntad.

Aquellos que confían en Cristo, les da este poder para cambiar a través de la persona del Espíritu Santo.

El amor, el gozo, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la gentileza, el dominio propio son llamadas «el fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23).

Cristo murió para que no seas condenado y no peques más

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